«Entiendo y respeto más que nunca a Jane Goodall, por haber explorado sola, durante años, estos inhóspitos bosques de centro África y me identifico cuando decía que aquí en estos bosques encuentras la paz absoluta»

En la baranda de madera de un exclusivo lodge, la paz que inunda este lugar se ameniza con cantos de numerosos pájaros multicolores. El verde infinito de la vegetación es adornado con los azules, naranjas y verdes intensos de estas aves, quienes conjugan la pintura con las florecitas rosas. Me acaba de sorprender un mono joven, al subir a la plataforma y encontrarme a no más de un metro, ha detenido su decidido camino. Tiene una cara simpática e inocente, como la de cualquier niño.
Alzo la vista y la visión me abruma. La hermosa sabana con distintas densidades de acacias se extiende en una llanura casi infinita. Tras la planicie, a lo lejos, detrás del lago Edward se levantan las montañas Virunga. Ahora las nubes comienzan a dar paso a los primeros rayos de sol. Son las dos de la tarde, pero esta mañana la imagen era como siempre la había imaginado. La niebla y llovizna creaban una imagen misteriosa y romántica, que me hacia aterrizar en la realidad: Estoy en Queen Elisabeth National park y aquellas montañas a no más de tres horas de viaje es el hogar de los gorilas de montaña. Esta es la tierra que añoraba, y por la que lloraba sin conocer hace ya más de diez años en la aquel piso de Córdoba. Echaba de menos esta tierra que desconocía, o al menos no conocía en esta vida, el hogar de los espalda plateada. Ahora que estoy aquí por la razón correcta y solo tengo miedo de no volver.

Este lodge de lujo, Enganzi, (el nombre que recibe el lucero de la luna) está fuera de mi presupuesto, pero hemos tenido la suerte de ser invitadas por Robert, nuestro conductor quien ha resultado ser el dueño de no solo éste, si no de varios alojamientos en distintos parques nacionales en Uganda. La decoración es exquisita y detallada. Los tejados de hierba están recubiertos en su interior por hojas de plataneras, esta combinación da una sensación de hogar y natural encajando a la perfección con el entorno. La construcción es de obra y madera. Las ventanas de lona y mosquiteras de tiendas de safari dan ese toque aventurero. La bañera blanca de patas plateadas y la amplia ducha de piedra son esa terminación que toda mujer aprecia y denota calidad.

Wildlife-Human Conflict and lose of Habitat

El romanticismo se matiza en la proximidad mas cercana. Aquí personas y fauna salvaje conviven, o viven en el llamado wildlife-human conflict. Justo debajo del lodge hay numerosas huertas de gente local justo en el límite del parque natural. A uno o dos kilómetros vemos la silueta de unos elefantes. Están comiendo pasto y acacias, pero no es de extrañar su apetito por hortalizas plantadas. Para mitigar el conflicto, Save the Elephants, entre otras organizaciones, hace años que está promoviendo las vallas de abejas. Cosiste en una linea de alambre de la que se suspenden panales de abejas. Este es un sistema adaptado en este lugar. Desde la lejanía se aprecian cajas blancas localizadas en puntos estratégicos. El concepto es simple y en muchas ocasiones eficaz. Los elefantes temen a las abejas, especialmente a la especie africana pues es la más agresiva. Al tocar el alambre la privación hace salir a estos soldados insectos. Las picaduras en la fina piel de las orejas, el zumbido de su voleteo, la inhalación por trompa y sobre todo las feromonas que segregan hacen que estos grandes hervideros salgan despavoridos. La miel de los enjambres es vendida a los turistas de la zona.
Al atardecer a la vuelta de nuestro safari, vemos una familia de hembras con sus crías en dirección de la aldea. Por la noche las abejas duermen y en pocas ocasiones salen en su destinado cometido.

Antes de las huertas a varios metros, se ha excavado una zanja con el propósito de crear la primera barrera. Pero estos astutos grandullones en numerosas ocasiones empujan arboles creando puentes. Por tanto el gobierno está levantando una valla electrificada para mitigar el conflicto. Está aún en constricción, por lo que esta noche esperamos tambores y aspavientos en el encuentro. Esta comunidad de vecinos lleva años viviendo aquí, mucho antes de que se declarasen estas tierras Parque Nacional. Acordaron reducir sus extensiones y limitar sus viviendas a un área colindante con la carretera. Los elefantes llevan mucho mas años, usando estas rutas de tránsito, aunque es cierto también que les es difícil resistirse a jugosas hortalizas y frutas. La diferencia es que lo que hasta hace cuarenta años eran cientos de elefantes en una familia, ahora son una o dos decenas en el mejor de los casos. Estos acuerdos limitando el acceso de humanos y declarando espacios protegidos son los únicos posibles si queremos proteger el 10% de zonas naturales.

En nuestro safari por Queen Elisabeth vemos manadas de antílopes. Nos detenemos a observar y fotografiar dos machos entrelazados en una pelea. Es la época de cría, la cual en antílopes está determinada por la reducción de las horas de sol y en incremento de melatonina, es lo que en España llamamos berrea en los ciervos. Minutos después vemos parado a un guarda en moto, con rifle a las espaldas (aquí todo guarda lleva rifle). – Los leones están cerca – dice Robert. Efectivamente, a no más de cien metros descansaba una pareja y no lejos otros tres jóvenes. Al parecer éste es su guarda personal todos los días. Ambos adultos llevan collar de seguimiento, la razón de este dispositivo de radio seguimiento o localización por GPS es doble, investigación y protección de estos grandes felinos. El poblado se ve a golpe de vista en la loma a pocos kilómetros, y las cabras y vacas son una presa fácil. Cuando esta familia de leones se aproxima a la zona de conflicto, científicos y rangers espantan a los felinos para volver a la zona protegida. Los collares de seguimiento no son necesarios en todas las manadas, solo aquellos que ocupan territorios colindantes con poblaciones humanas o los individuos con registros de previos ataques a ganado local. En Sudáfrica a pesar de estar todo vallado en ocasiones consiguen escapar. Por desgracia, si un león aprende dónde se encuentra el ganado y repite las salidas, si no es matado por granjeros de forma deliberada, lo hacen las autoridades bajo consentimiento. Esta misma situación se extiende a Sudamérica con Jaguares, Asia con tigres y Europa con lobos. Estos inocentes grandes carnívoros solo se han convertido en un problema desde que no disponen de terreno, o viven en terrenos extremadamente limitados donde al crecer las familias y formar nuevos clanes no tienen dónde ir. Por lo que están condenados a mantener números de poblaciones muy reducidas. Para agravar la situación en muchas ocasiones la gente local caza los antílopes de la zona, los cuales son la única fuente de alimento para carnívoros, no dejándoles más opción que intentar alimentarse de ganado. El conflicto va en auge, la población humana sigue aumentando y los carnívoros salvajes decreciendo, muchos de ellos ya extintos.
Seguimos nuestro recorrido por Queen Elisabeth. Un grandullón bonachón hipopótamo se encuentra en la cuneta del camino donde hay un poco de barro. Nunca he visto un hipopótamo tan cerca en libertad y descansando solo y en esta situación. Pienso que está enfermo o muerto. Pero no, soló descansa. Un poco más adelante encontramos al resto de la familia en una ciénaga. Nunca he visto tantos hipopótamos en un espacio tan reducido y en tal barrizal. Bueno sí, en épocas de sequía extrema, lo cual no es el caso. Normalmente viven en rios o lagos de poca profundidad pero donde al contrario de aquí el agua esta en mayor densidad que el barro. El parque es atravesado por ríos, y no lejos fluye canal Kazinga que conecta los lagos George y Edward. La percepción general es que hay demasiados hipopótamos. ¿Hay demasiados o unos cuantos concentrados en zonas limitadas? ¿Cuántos son demasiados hipopótamos sabiendo que su numero también está decreciendo? Hablando con Margaret, la veterinaria, hace unos días en las oficinas de UWA, nos comentaba que está haciendo su PhD en ántrax en hipopótamos. Los outbrakes (picos de enfermedad) se están disparando y numerosos hipopótamos, entre otras especies, están muriendo. Ese mismo día leía que en Kenia están vacunando de ántrax a búfalos. Como es de costumbre en enfermedades de fauna salvaje debido a la falta de información previa, no sabemos si estos outbrakes son cíclicos, o es una condición nueva. La bacteria que produce antrax, bacillus antracis, es anaerobia esporulada, esto significada que necesita condiciones sin oxigeno para esporular (crecer) y reproducirse. Cuando las condiciones no son favorables su espora permanece latente bajo tierra hasta cien años. Las condiciones ideales de crecimiento son cuando un animal muere en fangos y queda enterrado. Al ver esta ciénaga, considero que Margaret debería incluir en su hipótesis la posibilidad de que al estar obligados los hipopótamos a ocupar espacios reducidos están creando las condiciones idóneas para que B. antracis tenga una fiesta.
Estoy tomando una fotografía de este hipopótamo tranquilo cuando una moto pasa a dos metros de el. En mi entendimiento eso es extremadamente peligroso para el conductor, pero aquí parece ser normal.
Al atardecer, de vuelta al lodge, degustamos una cena exquisita. Por la noche a las dos de la mañana me desvelo, a lo lejos consigo escuchar rugidos de leones y cantar de hienas. Es música de cuna para mis oídos y me vuelvo a dormir.

A la mañana siguiente estoy nerviosa y no lo puedo ocultar. Hoy es el gran día, vamos a ver o intentar rastrear chimpancés en libertad. Pasamos seguridad con el documento mágico. Esta carta de invitación personaliza para mí y Jennifer, como representantes de WCMF y que Dr Robert organizó firmada por el director ejecutivo de UWA es un pase VIP para todos los parques nacionales que hemos visitado. Solo tenemos que pagar 50$ por esta actividad específica y realizada a título personal. Es temporada baja y por tanto mas económico. En otras áreas cuesta 150$. La misma actividad con los gorilas de montaña cuesta 600$-700$ en época alta y baja 350$. La diferencia de precio se debe a que los gorilas de montañas son una especie en peligro de extinción, solo quedan 800 en libertad y son muy limitados los grupos habituados y aún menor las zonas accesibles para turistas o zonas de no guerrilla. Los chimpancés también están amenazados pero por ahora sus poblaciones son ligeramente superiores. No hemos planteado la posibilidad de hacer proyectos con estas dos especies pues ya tienen mucho apoyo internacional y son numerosas las investigaciones tanto en medicina de la salud como en comportamiento. Gracias a generosas donaciones internacionales patrullas protegen a diario a ambas especies y por primera vez el número de gorilas está aumentando. Estos valientes soldados tienen mi mayor respeto pues se juegan la vida a diario por lo que es correcto, proteger nuestros hermanos tan cercanos. El éxito se lo debemos a dos grande mujeres que hace ya cuarenta años llamaron la atención de la comunidad internacional, Diane Fossey y Jane Goodall, esta última con ochenta y cinco años sigue luchando por los derechos y protección de los grandes simios.

La sabana de pasto dorado se rompe en acantilados dando paso a una garganta de bosque denso. Allí abajo viven los chimpancés. Tras nosotros, la sabana ha sido sustituida por agricultura. Nos montamos en nuestro Land Cruiser para aproximarnos al inicio del sendero donde la pendiente es menos acentuada. En el recorrido, al otro lado del valle vemos a dos chimpancés en un árbol ficus. Están en la zona de sabana, suelen subir durante las noches, y están a no mas de dos kilómetros de las huertas. Los coches se detienen y nos aproximamos a Ruth, nuestra ranger y guía. Nos acompañan dos médicos americanos, padre e hija. Del otro coche aparece una personaje de Europa del este con uñas de manicura perfecta con dibujos, manoletinas planas negras, calcetines verdes fluorescentes, mallas negras, camiseta blanca, bufanda fucsia y gorro rosa. A juego un bolso de tela con un corazón. La primera impresión es que esta mujer es una ignorante o una arrogante por presentarse así aquí. Resultó ser las dos cosas. Por suerte no mas salir una avispa gigante la recibió con picotazos en la cabeza. Esto es un — No eres bienvenida en esta tierra santa—. Tras varios intentos de espantar al enfadado insecto, desde lejos le comenté que se quitase el gorro, pue la pobre avispa pensaba que era una flor.
Comenzamos el descenso de pendientes resbaladizas de barro negro. Para alivio de mi vértigo este tramo es corto pues pronto estamos en el interior de la garganta. Comenzamos nuestra caminata a ambas orillas del río cruzando por puentes colgantes. Monos rojos y colobos blancos y negros se columpian en las copas y ramas de los árboles. Su timidez y la velocidad de su marcha hacen imposible tomar una buena fotografía. Abajo en el río resuena el gruñir de los hipopótamos. Los encontramos por familias en distintos tramos del río. Los hipopótamos comen pasto arriba en la sabana por la noche y pasan el día descansando en el agua como modo de ahorro de energía y termo-regulación. Mi respeto cuando caminamos a pie junto a estos grandullones de dos toneladas es notorio. Hay una frase que dice: Hazlo, y si tienes miedo hazlo con miedo. Al igual que cualquier otro animal y a excepción del hombre, los hipopótamos no atacan sin razón. Las horas problemáticas son por la noche cuando salen a pastar y se sienten expuestos y ante un potencial amenaza, siendo la primera reacción el ataque. A pesar de conocer bien esto, no me siento cómoda cada vez que nos paramos en el paso de salida de estos gigantes a pocos metros de ellos y el macho dominante no nos quita ojo y eleva su cuerpo fuera del agua, no precisamente para que los turistas tengan mejor visión y fotografías. Será que me estoy volviendo demasiado precavida, o será que en estos años conviviendo con fauna salvaje he visto suficiente para no tentar la suerte. En cualquiera de los casos, disfruto al ver a estos dueños y señores del río en su hogar.
El bosque de árboles esbeltos se alza desde la profundidad de la garganta a la superficie, creando un ecosistema húmedo, misterioso y mágico. Lejos de la aridez de la sabana que nos rodea, en este lugar predominan los verdes de distintas intensidades de arboles y líquenes en sus troncos. Los chimpancés han elegido este lugar como su hogar por la cantidad de frutos que producen entre otros los ficus, pero también por la protección que este laberinto alberga. Otras especies bajan aquí para comer, y disfrutar del fresco ambiente. En nuestro rastreo de los grandes simios da la impresión que seguimos a una manada de elefantes, pues sus huellas y heces son cada vez más frescas.

Caminamos durante dos horas yendo a los distintos árboles donde Ruth sabe que se suelen alimentar. Encontramos algunas huellas de nudillos (los chimpancés andan apoyando sobre los dedos segundo y tercero de la mano flexionadas a nivel de falanges medias y proximales). También nidos frescos que hacen cada noche y donde duermen de forma individual o las madres con sus crías. Los nidos más bajos son de los machos. Sin embargo no escuchamos las vocalizaciones que nos guíen a ellos. Este valle angosto es apenas doce kilómetros y decreciendo pues los humanos siguen tomando posesión de terreno. La familia de veintisiete chimpancés, a pesar de estar protegida en esta burbuja natural están bajo alta presión pues no tienen donde ir. Al producir suficiente alimento este lugar no es gran problema para la población inicial, pero al crecer, es importante que los machos y hembras jóvenes formen nuevos clanes y familias en un lugar distinto. De lo contrario los padres y madres comenzarían a criar con sus congéneres, y esto da lugar a la llamada consanguinidad, la cual da lugar a alteraciones genéticas. Esto es una problemática en numerosas especies, son las llamadas isla poblacionales. Donde poblaciones de animales están aisladas y rodeadas por humanos. La solución pasa por crear “corridors” pasos de conexión o captura y transporte para promover intercambio genético. Esta última no es una opción en grandes primates y cualquier otra especie donde los lazos familiares y estructural social son esenciales. Ruth nos comenta que los investigadores de la zona están luchando por una propuesta donde crear un corridor de árboles que los conecte con el bosque cercano.

A pesar de las expectativas, a medida que se agotaban las esperanzas el hecho de no ver esta vez a los chimpancés no me importaba, sabia que habría ocasiones futuras y el paseo en sí ya era muy reconfortante. El personaje de gorro rosa no pensaba igual y lanzaba comentarios de “yo no he venido de tan lejos para no verlos” “deberían ponerles sistema de rastreo así podemos encontrarlos fácil” “deberían hacer caminos más fáciles”.

Haciendo un gran esfuerzo por no crear conflicto, Jennifer y yo nos mordimos la lengua y no dijimos nada. Si quieres verlos 100% no vengas aquí, quédate en tu país y ve a verlos a un zoo, donde su tristeza satisfaga tu arrogancia. Es gente así, que solo busca un selfie, la que no se merece estos lugares ni todo lo que la fauna salvaje ofrece.
Pero la perseverancia de nuestra guía dio sus frutos. Escuchamos las primeras llamadas y gritos de los grande simios, aligeramos el paso en dicha dirección.

Estaban en movimiento y nosotros debíamos avanzar más rápido para alcanzarlos. Entonces, los encontramos. El macho alfa nos recibió solo y mirando en nuestra dirección. Su actitud era tímida. Sin embargo junto a él estaba techado en la hierba y caballero tranquilo, otro macho también adulto pero de menor rango jerárquico. Nos dejó acercarnos hasta tres metros. Irradiaba una paz indescriptible. La serenidad fluida en aquel instante. Mi primer pensamiento fue de vergüenza por nuestra ignorancia intrínseca hacia estas criaturas tan cercanas al ser humano. Nos miraba a los ojos tranquilo, inocente, con una mirada llena de sabiduría. Son nuestros hermanos, la misma mirada de hombre, las mismas orejas, el mismo color de piel, el mismo cráneo… Es increíble he inconcebible que hallamos tenido que demostrar con ciencia, una herramienta limitada lo que es obvio a simple vista. Los humanos estamos ciegos y pareciese que solo las estadísticas nos hiciesen ver. Al ser congéneres tan cercanos al ser humano, también comparten acciones crueles, y estrategias despiadadas. Supongo que nadie es perfecto. Entiendo y respeto más que nunca a Jane Goodall, por haber explorado sola, durante años, estos inhóspitos bosques de centro África y me identifico cuando decía que aquí en estos bosques encuentras la paz absoluta. Es domingo de Ramos, y dudo que ninguna iglesia pueda compararse a la espiritualidad vivida en este templo natural.
Tras instantes de armonía, nuestro cordial amigo continua su recorrido. Los seguimos en la distancia y nos detenemos bajo un árbol donde el macho dominante en la copa hace llamadas a las hembras indicando que aquí hay comida. Esperamos unos minutos y jóvenes y madres con bebés comienzan a salir de su escondite. El bebé de cara y pies rositas se aferra a la espalda de su mamá. Tiene más de ocho meses, pues cuando son mas jóvenes son transportados en el regazo de los brazo de sus progenitoras. Todos satisfechos partimos de regreso.

Nuestras propuestas de trabajo no incluyen grandes simios, es una especialidad en sí, está fuera de mi experiencia y por suerte tienen suficiente atención internacional. Sin embargo, cuentan con mi apoyo incondicional. Y a nivel personal, estoy deseando volver y pasar horas entre estas almas puras.

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